sábado, 13 de enero de 2007

Memorias privadas y confesiones de un pecador justificado

Memorias privadas y confesiones de un pecador justificado, James Hogg, colección Gótica, colección El Club Diógenes, Valdemar.

Tengo a bien, gala y honor ser costalero de cofradía tal, que (generosamente amparada por un insensato librero que proporciona refugio y parapeto para acoger, a la sazón, dislates y desatinos al uso de la citada congregación) reune a su vera, en amor y compaña, talentos descabalados, inteligencias desnortadas e (in) sensateces a la deriva.

Pues bien, esta caterva que se arrumba en los aledaños del tal librero, tuvo a bien proponer, no hace mucho tiempo y sin (creo) evidente animosidad, el abordaje de Memorias privadas y confesiones de un pecador justificado de James Hogg. Mal que me pese, (y me pesa) debo, quizás, otorgarles la razón por la justicia y sensatez de su elección.
James Hogg, escritor autodidacta del siglo XIX, que en esta, extraordinaria novela enhebra con sabiduría narrativa, y en tres partes y tres voces, el desconcertante y pertubador relato de la enajenada existencia de... ¿un orate?
Así, la primera parte de la novela desvela, desde el frío punto de vista de un editor ficticio, una disputa familiar, aliñada como intriga policiaca, que, cuajada de muertes y disparates narra los mismos hechos que, en la segunda parte de la novela se contarán mediante un monólogo que, gradualmente, desvela, convence y embauca al lector en la enajenación del ¿asesino? protagonista. La tercera parte de la novela, narrada utilizando recursos indirectos (epistolas,diarios) culmina el libro con una risible farsa, deudora de la literatura picaresca, que parodia un eventual ¿o cierto? descenso a los infiernos del protagonista mientras se convence de ser un elegido de Dios o, quizás, ¿del Diablo?
Una gradual sensación de inquietud, al socaire de la lectura, descorazona e inquieta al lector para dejarle, al final de la novela, sin respuesta alguna a la ambiguedad e incertidumbre que despide el libro.
En resumen, un gran libro, una pequeña y desapercibida culta obra maestra.
Una fabulosa novela.

No es poco.

Luis de Luis

4 comentarios:

pecadora injustificada dijo...

Muchas gracias Luis por tu comentario,me he divertido mucho leyéndolo. Aún no he leído el libro pero ya tengo ganas.

Luis de Luis dijo...

Gracias y regracias dilecta pecadora.

Pero no quisiera yo, que por mi causa, y tras la lectura del libro,comenzase usted a justificar sus pecados y estos empezase,por tal motivo, a perder su gracia y encanto.

dilecta pecadora dijo...

Querido Luis,
No ha de ser motivo de temor o preocupación para ti que mis pecados encuentren justificación ni que pierdan encanto. Lo primero, me temo, es imposible; los segundo, querido, no me lo permitiría.

Tutéame, por favor.

Luis de Luis dijo...

Apreciada pecadora,

Tutearos milady, no es honor que esté a mi alcance,albedrío o antojo.

Si bien no soy (ni ¡ay me temo! seré)caballero, si soy hidalgo y, no me precio en tutear a una Dama como vos.

Una vez aclarado el correcto protocolo desearía,si así lo aceptais,agredeceros la cortesía emn el trato a este, vuestro humilde servidor.

Sabed que nunca acaeció en mi ánimo cercenar las alas de vuestra libertad pecaminosa ni que l amisma se reboce en el fango del latrocinio ,nio en el lodo de l perdición.

Suyio affmo.