jueves, 19 de abril de 2007

La lista de los siete de Ricardo Bosque

Retomamos la sección de Recomendaciones con Ricardo Bosque, editor, desde 2003, del blog LA BALACERA, con la actualidad del género en todas sus manifestaciones: novela, cómic, cine… Además es colaborador de LA GANGSTERERA desde sus inicios y miembro fundador de la Asociación NOVELPOL (Amigos de la literatura policial) contribuyendo con sus esfuerzos a la promoción de la novela negra. En junio de 2007 publica su segunda novela, Manda flores a mi entierro, en la editorial Mira de Zaragoza.

LA LISTA DE LOS SIETE DE RICARDO BOSQUE

Siete es el número que me acompañó durante toda mi infancia, porque seis eran los compañeros de clase que iban delante de mí por orden alfabético. Siete son las bolas de cristal que conducen a Tintín hasta Perú en una de mis aventuras favoritas del periodista de permanente tupé. Y siete son las cosas con letras por las que Juan Escarlata me pregunta.

Pues bien, como no me resulta fácil establecer preferencias, seguiré un orden cronológico, de mis principios a mi rabiosa actualidad. Y en el principio, cómo no, están los tebeos.

Y entre los muchos tebeos que leí, destacaré a Sir Tim O’Theo, ese Holmes tacaño creado por Raf en los setenta, siempre acompañado por su fiel Patson que tantas pintas le pagó en El Ave Turuta.

Algún tiempo después, y sin abandonar la lectura de tebeos, mi hermano me regaló por un cumpleaños otro de mis imprescindibles, Narración de Arthur Gordon Pym, de Edgar Allan Poe. No sé cuánto le costaría, pero recuerdo que con el dinero que le sobró me compró un bocata de calamares en El Tubo. El libro todavía conserva algunas manchas de grasa que demuestran lo que digo.

De la misma época es otro de mis favoritos, La conjura de los necios, de John Kennedy Toole. Pasé las páginas con ojos como platos ante la quijotesca actitud de Ignatius J. Reilly y desde entonces pienso, ingenuamente, que otro mundo es posible.

Como muestra de mi descarado eclecticismo como lector, un libro que recomiendo siempre que puedo: El antropólogo inocente, de Nigel Barley. Lo que comenzó como un trabajo de campo en la tribu de los dowayos (Camerún) llevado a cabo por un licenciado en antropología, se convirtió después en tesis doctoral y, al poco tiempo, en uno de los libros más divertidos e ilustrativos que he leído jamás.

Y como si no hablo de género negro más de uno se extrañará, cierro mi lista con tres libros que demuestran que también el crimen puede tener su lado divertido si se sabe contar del modo adecuado, que no todo van a ser despiadados y psicóticos asesinos en serie: El huevo ingenioso, de James McClure, una de las aventuras de la pareja investigadora más atípica que ha dado la literatura; ¿Por qué yo?, de Donald Westlake, con un Dortmunder tan esperpéntico como siempre; y Patagonia Chu Chu, porque además de ser una historia tristemente divertida, con momentos sencillamente hilarantes, me devuelve a las primeras líneas de este texto, cuando leyendo tebeos de Sir Tim O’Theo aligeraba las muchas horas de viaje hacia el Pirineo a bordo del canfranero, otro tren tan vetusto como el descrito por Raúl Argemí en su novela.

RICARDO BOSQUE, abril 2007