sábado, 22 de septiembre de 2007

Sherlock Holmes y el caso del lápiz mágico

Sherlock Holmes y el caso del lápiz mágico, Mario Catelli, ediciones B, 2007.

Quizás las nuevas generaciones de la raza humana estén padeciendo una mutación genética que les convierte en los heraldos de una nueva fase de la imparable evolución del homo sapiens, y se manifiesta mediante la inveterada aversión y repugnancia invencible a toda aleación encuadernada de papel y tinta que contenga combinaciones de palabras.

Así, una de las labores más titánicas, insensatas y estériles en que los homínid@s adultos pueden malgastar su esfuerzo y tiempo es en intentar arrimar a los adolescentes a la letra impresa. La sola visión de un libro les produce reacciones químico - fisiológicas que convierten a la niña del Exorcista en un prodigio de hieratismo y sobriedad.

Maleados desde infantes con las tramas banales, argumentos inanes y la prosa inocua que proveen ínclitas y beatas colecciones como la del Bajel que navega a golpe de emanaciones gaseosas, rechazan entre espasmos epilépticos la sola recomendación de los llamados clásicos juveniles. La combinación de tramas elaboradas, narradas con palabras de más de dos sílabas enhebradas, a mayor abundamiento, en párrafos cuajados con más de cinco o seis oraciones, deviene letal para sus cerebros incapacitándoles para afrontar edagarallans, robertlouises, marktwains, conandoyles o juliosvernes.

Ahora bien, es sabiduría común que todos los caminos llevan a Roma y que si no va Mahoma a la montaña bien puede arrimarse el promontorio al Profeta de Alá. Viene lo anterior a cuento, de Sherlock Holmes y el caso del lápiz mágico, la habilísima recreación holmesiana de Mario Catelli, astutamente pensada para aproximar el detective consultor a impúberes entre once y trece añitos .

Los elementos que escoge Catelli están, aventuro, más que (pre)meditados para embaucar a los tiernos lectores. Con una inquieta trama aliñada con viajes en el tiempo (la narración, para darle actualidad al asunto, transcurre entre 1887 y 2007); un protagonista tímido, solitario y sensible obviamente incomprendido por una familia bienintencionada pero banal; un toque de historia egipcia; un maloso irresistiblemente atractivo(un todopoderoso millonario y brillante científico; directamente fusilado, digo inspirado, en Lex Luthor) y, por supuesto un objeto maravilloso que haga las veces de deus ex machina y macguffin del potaje .

La prosa es inevitablemente sencilla, al servicio de una trama agitada y una estructura accesible, basada en cortos capítulos (no más allá de cuatro páginas) que procuran no cansar al sufrido preadolescente al quien se pone en el brete de leer.

Bueno, pues el caso es que el asunto funciona. No creo que los lectores denuncien a sus progenitores por crueldad mental al leer el libro. Hombre, tampoco se pondrán a dar cabriolas de alegría, ni a cantar a la luz del día, cantar al aire y cantar ¡adiós! pero lo acabarán y se quedarán satisfechos.
El libro tiene todo para funcionar y debería hacerlo, dejando a todos contentos: a la conciencia de papases y mamases, a los retoños que no verán malgastado su precioso tiempo, a la cuenta corriente del autor, a la cartera de acciones del editor y a la caja registradora del librero.

Tengo para mi, que este tipo de libros cumple una función social: cohesionan las familias, contribuyen a la paz de la sociedad, estimulan el libre comercio, contribuyen al PIB y tienen a los nen@s calladitos un rato.

No es poco.

Deberían estar subvencionados.
LUIS DE LUIS