sábado, 28 de febrero de 2009

Philip Jose Farmer 1918-2009

"Su esposa lo había aferrado entre sus brazos como si asi pudiera mantenerlo apartado de la muerte.
Él había gritado:
-¡Dios mio, me muero!
La puerta de la habitación se había abierto, y había visto un gigantesco dromedario negro fuera, y había oido el tintineo de las campanillas de su arnés cuando el cálido viento del desierto las agitó. Luego, una gran faz blanca rematada por un gran turbante negro había aparecido en el vano de la puerta. El eunuco había atravesado la puerta, moviéndose como una nube, con una gigantesca cimitarra en su mano. La Muerte, el Destructor de los Placeres, el Igualador de la Sociedad, había llegado al fin.
Oscuridad. Nada. Ni siquiera supo que su corazón se había detenido para siempre. Nada.
Luego, sus ojos se abrieron. Su corazón estaba latiendo fuertemente. ¡Se sentía fuerte, muy fuerte! Todo el dolor de la gota de su pie, la agonía del higado, la tortura de su corazón, todo había desaparecido.
Había un silencio tal que podía oir la sangre moviéndose en su cabeza. Estaba solo en un mundo sin sonidos."


Comienzo de A vuestros cuerpos dispersos de Philip Jose Farmer, traducción de Domingo Santos.
Farmer: adiós al primer posmoderno de la ciencia ficción, artículo de Julián Diez.