lunes, 23 de marzo de 2009

Los crímenes del número primo

Los crímenes del número primo, Reyes Calderón, RBA, 2008.

Un número primo por definición es aquél que sólo puede dividirse por sí mismo o por la unidad. 2, 3, 5, 7, 11, 13, 17, 19, 23, 29... son números primos. Desde la antigüedad se ha tenido a los primos como los números más puros de todo el lenguaje matemático.


Quizás este halo de misterio que envuelve ciertos constructos matemáticos tenga el poder suficiente como para atraer no sólo mentes lúcidas y brillantes si no que también pueden convertirse en un desafío para encriptar perversiones bajo el manido manto del enigma matemático.


Así al menos ha debido pensarlo Reyes Calderón, autora de “Los crímenes del número primo” un libro denso y paradigmático que está cosechando un gran éxito de público.


La trama reúne elementos de intriga matemática aderezados con detalles de religiosidad que rozan por momentos el barroquismo literario.


La juez Lola MacHor, bilbaína descendiente de irlandeses, tiene que investigar la desaparición del abad del monasterio benedictino de Leyre, la recepción de un dedo humano encerrado en un pequeño ataúd por parte del arzobispo de Pamplona y la aparición de dos cadáveres vestidos con hábitos en una remota ermita de Mendigorría rodeados de abundante dinero y de un antiquísimo relicario.


Los sucesos se van complicando con la aparición de nuevos cadáveres y alguna que otra tentativa de asesinato más. Pero la juez MacHor no estará sola ante la avalancha de sucesos que de alguna forma la implican personalmente, el inspector Iturri y el padre Chocarro, sacristán del monasterio de Leyre y antiguo matemático, le ayudarán a desvelar las voces del pasado que se esconden tras la venganza del número primo 3313.


Los argumentos que esgrime el libro pueden resultarnos recurrentes y algo trillados, a la vista está que desde las primeras páginas resuenan ecos de otros best sellers amparados en la misma temática. La virtud de Reyes Calderón probablemente esté en que con una prosa a veces recargada, llega a rizar el rizo, da una vuelta de tuerca mas, en los temas colaterales que intenta abordar la novela, sobre todo aquellos que tienen su base en la eterna dualidad del bien frente al mal, la religiosidad tradicional como pilar indispensable para enfrentarse a la vorágine descontrolada de modernidad cambiante y la base psicoanalítica del deseo y el deber.


La apuesta de Reyes Calderón es arriesgada y el resultado bajo un prisma objetivo incompleto, incluso a veces incoherente, por ejemplo ¿cómo una juez que se considera izquierdista y republicana reacciona de manera tan mojigata ante valores sexuales no tradicionales?, pero esto no es lo que cuenta porque la trama engancha y perdonas los excesos y la reiteración, porque a pesar de todo la novela resulta cercana y potencialmente atractiva, con un trabajo minucioso y detallado detrás de cada descripción y con un personaje femenino como es la juez McHor, a perfilar en futuras obras, pero que es de agradecer forme parte junto a Clara Deza y Cornelia Weber de la interesantísima literatura policial femenina actual.


JOSÉ RAMÓN GÓMEZ CABEZAS