viernes, 13 de noviembre de 2009

La prostitución en Italia es pura tradición

ENTREVISTA: ALMUERZO CON... GIANCARLO DE CATALDO
Por Miguel Mora. El País, 13 noviembre 2009

Buscamos a una de esas togas rojas que no dejan dormir a Silvio Berlusconi. Giancarlo de Cataldo, de 53 años, prefiere definirse como toga noir, aunque es bastante rojo para los estándares italianos. La broma tiene sentido porque, además de magistrado, es un novelista negro muy popular. Es autor de Italia Cosa Nostra y de Novela criminal (editadas por Roca Editorial), la historia de la banda de la Magliana que fue película y luego serie de televisión (Canal + la estrenará pronto en España con el título de Roma criminal).

A De Cataldo, barbudo y fumador de puros, sólo le faltaría trabajar en Milán o Palermo para encarnar del todo la pesadilla del primer ministro. Pero está en la Corte de Apelación de Roma, y ya no se ocupa de mafia y terrorismo, sino de delitos comunes. Lo cual le deprime un poco: "Se gana más, unos 5.000 euros, pero se disfruta menos. En cuanto a lo de Milán, Palermo o Roma, la diferencia no la hace el comunismo sino el coraje: en todas partes hay jueces y fiscales más valientes que otros".

Anda escribiendo una novela que transcurre en los años de la unidad de Italia, y viene de reunirse con los guionistas que escriben para la RAI la segunda parte de Romanzo criminale. Llega puntual al Zen Sushi, que le gusta por varias razones: "Está cerca del tribunal, aquí trabaja el mejor master shushi de Roma, Wata Nabe, y yo soy de la Puglia, así que como pescado crudo desde los cinco años".Mientras devora con pericia el futomaki tempura con los palillos, cuenta que decidió escribir sobre la banda de la Magliana (barrio de la periferia romana) tras dirigir el proceso contra ellos en 1997. "En la historia de aquel clan mafioso que dominó Roma en los años setenta y ochenta confluían muchos misterios. A Pasolini lo mataron cuando escribía Petróleo, una historia del país desde un perfil criminal. La Magliana sabía casi todo sobre esa zona gris tan italiana: mafia, terrorismo, droga, masonería, Brigadas Rojas, servicios secretos... Tenían una inteligencia criminal casi profética, y muchos sabían que la clave era la política".

Desencantado y mordaz, De Cataldo ataca con entusiasmo el sashimi, y explica que muchos de los males italianos actuales se deben a "la mezcla de televisión y cocaína, drogas de masas que han sustituido a los valores que un día enseñaban el Partido Comunista y las parroquias". ¿Y el goteo recurrente de escándalos con prostitutas, transexuales y velinas? "Eso es pura tradición. En el siglo XVIII, la Vía Nazionale de Roma se asfaltó con las tasas que pagaban las putas al Papa".

Con el café, llegamos a la conspiración de la justicia comunista. De Cataldo niega la mayor. "Primero, la izquierda italiana ya no es de izquierdas. Fini parece más de izquierda que ellos. Segundo, cuando la justicia es igual para todos crece la civilización de un país. Tercero, si se investigan asuntos sucios siempre sale un político detrás. La pregunta es si a la opinión pública le interesa saber si la mafia negoció con el Estado y si los jueces derramaron su sangre por oponerse. La gran tragedia es que hemos pasado de ser el país del derecho romano a las patrullas ciudadanas y las devoluciones de inmigrantes a Libia".