jueves, 17 de febrero de 2011

Cinco años del Club de Lectura Escarlata

Aquí tenemos la hebra escarlata, atravesando la madeja incolora de la vida y nuestro deber es desenmarañarla, aislarla y exponer cada pulgada (Sir Arthur Conan Doyle, Estudio en Escarlata, Capítulo IV “Lo que John Rance tenía que decir”)

La única regla de Club Escarlata es no hablar del Club Escarlata David G. Panadero
Asumimos, conscientes, la fatalidad de contradecir al sanguíneo, volátil e iracundo Panadero y que, cual bestia vulnerada, enrabietado y respirando por la herida, no dude en expresar su furia hasta agotarla como suele; repartiendo, a diestro y a siniestro, obleas como hogazas ( de ahí le viene el nombre).

Aún así, la ocasión merece el riesgo, ya que toca contar que, ya hace un lustro, se hacinó, en los ventilados y acogedores sótanos de la librería “Estudio en Escarlata” , una famélica legión – cada uno de su padre (presumiblemente) y de su madre - de restos de serie, vacas sin cencerro, ovejas sin pareja y parias de la tierra para dotarse de unas férreas normas de funcionamiento (por cierto, ya que lo dices, escrupulosamente incumplidas, desde el primer momento, con celo y tenacidad dignos de mejor causa) y dar el nihil obstat a la constitución del Club de Lectura Escarlata.

Es decir, se dio el pistoletazo de salida a la lectura comunal y compartida de cien libros comentados y analizados durante cincuenta tertulias transcurridas en un ambiente - macerado en gritos, atropellos y vejaciones - enrarecido e irrespirable, que demostró, mes a mes, y a escala Chamberí, que la literatura es un indispensable instrumento para el (des)encuentro entre los seres humanos.

Cincuenta tertulias disfrutando en un clima de cordialidad y comunidad sin tener que lamentar ningún asesinato, mutilación o lesión irreparable. (¡se dice pronto!)

Desde el lirismo de Jim Thompson pasando por la salacidad de “El Desierto de los Tártaros” , la sencillez de “Ubik”, el costumbrismo de “Frankenstein”, la escueta “Conversación en la Catedral” , la límpida claridad de Ballard, la madurez de “El Maestro Cantor” hasta la exquisita corrección política de “Lolita” todos han contribuido a inolvidables e irreproducibles tertulias.

Queda agradecer a la Familia Escarlata su hospitalidad y generosidad, puestas a prueba cada treinta días , con aullidos, algaradas y contubernios que ellos han soportado con paciencia benedictina y resignación franciscana.

No hay palabras para agradeceros.

O al menos no las tenemos mejores que las de Sherlock Holmes a John Watson que hacemos, de todo corazón y en todo caso, nuestras: Debo darle las gracias por todo. No habría salido de casa si fuese por usted y me habría perdido el mejor caso con el que me he tropezado: Un Estudio en Escarlata

Los Lectores Escarlata

LUIS DE LUIS

Come on Watson! The game is still afoot!

3 comentarios:

Anónimo dijo...

Un placer leerte siempre, Luis. Gracias también a la familia Escarlata por sus acogedoras veladas.

Fdo. Una socia fundadora desaparecida, pero que reaparecerá en breve.

Anónimo dijo...

Perdonen, pero alguien me contó que ahí se leía periódicamente El desierto de los tártaros.
¿Me pueden decir cuándo es?

Anónimo dijo...

Luis, you leave speechless. It is impossible to put it better or in less words. Edwardians really know how to do it better!