miércoles, 22 de febrero de 2012

Menos es más


Drive de James Sallis adaptada al cine por Nicolas Winding Refn con guión de Hossein Amini.

“El libro no tenía nada que ver con la película” piensa “Driver”, el protagonista, en la página trece. En este caso toman dos o tres elementos de la novela y un par de tramas y luego se inventan el resto. Dos experiencias completamente diferentes, un hilo común, el protagonista es de día un piloto especialista de Hollywood, de noche un conductor que participa en atracos. Un chaval que huye a Los Angeles de una infancia dura y sobrevive en la gran ciudad, se convierte en la película en un joven que salva a su vecina de unos mafiosos que quieren cobrar una deuda de su marido ex presidiario.

El protagonista no tiene nombre, no habla apenas, sonríe y asiente de manera que piensas en algún momento que padece algún tipo de autismo. Ese silencio, esa economía de medios, pocas palabras, miradas cómplices, contrasta con la tensión creciente y con las explosiones de violencia de las escenas de acción y las persecuciones de coches. Tras el prólogo, un atraco, la primera media hora transcurre plácida y culmina con el paseo en coche del protagonista, la chica y su hijo por los cauces de cemento del río Los Ángeles (los mismos que hemos visto en “Grease” o “Terminator 2”) mientras suena a todo volumen una canción ochentera. Ese tono de los ochenta se puede ver también en los títulos de crédito, la ropa y el coche del protagonista, hay una intención de aproximarse a “Bullit” de Steve McQueen. Ante la mayoría de las películas de acción que ofrecen peleas cada vez más enrevesadas en escenarios inverosímiles, explosiones y efectos especiales que caen en el más difícil todavía sin ninguna emoción, aquí encontramos acción y persecuciones muy bien ejecutadas que funcionan muy bien. El protagonista es Ryan Gosling, impecable y que hará furor entre las féminas, y luego un reparto curioso con Bryan Cranston (Breaking Bad), la tremenda aunque irreconocible Christina Hendricks (Mad Men), Ron Perlman (Hellboy), Albert Brooks y Russ Tamblyn en un cameo.

La dedicatoria de la novela: “A Ed McBain, Donald Westlake y Larry Block, tres grandes escritores norteamericanos” ya es toda una declaración de intenciones por parte de James Sallis. La narración se compone de capítulos cortos, frases concisas, un estilo cortante, que a pesar de su brevedad, alrededor de ciento cincuenta páginas, contiene muchísimo material para desarrollar y llevar a cabo una gran película. Con pocas palabras cuenta mucho, menos es más. Va alternando el pasado de Driver con su situación actual. Ve como su madre mata a su padre durante la cena, que consiste en un sándwich de paté con mermelada de menta. Huye a los dieciséis años de sus padres adoptivos y se va a Los Ángeles, persiguiendo su sueño: trabajar en Hollywood (“Bienvenido a la tierra de promisión”). Hace amistad con un guionista, que le cuenta los entresijos y anécdotas del mundo del cine, encuentra a Irina, joven hispana que sobrevive gracias a tres trabajos, participa en atracos sólo como conductor. Conocemos un Los Ángeles como ciudad hispana, donde se ven culebrones, se escucha música latina, se comen burritos o vas al restaurante salvadoreño de la esquina, los vecinos hablan en español…

Una película esteticista con ciertos momentos brillantes, un ejercicio de cine de autor con elementos de thriller de acción. Interesante aunque superficial película, cortante y dura novela. Dos experiencias completamente diferentes. ¿Por qué desaprovechar un buen material? Esperamos por lo menos que James Sallis, a quien pudimos ver en la Semana Negra de 2008, haya recibido una buena suma por los derechos de su novela.

TOMÁS UDOWATSKIER

James Sallis, Drive, (2005), traducción de Juanjo Estrella, RBA, 2009.
Ficha del libro en la editorial RBA.
“Caballero taciturno”, reseña de Emilio Luna en El antepenúltimo mohicano.